Genéricos días de un infinito otoño
Falmouth era un lugar tranquilo, el ruido de las hojas de los árboles al caminar apaciguaba hasta las más feroces bestias del bosque. La luz pasando entre las ramas daba un aspecto más oscuro al bosque, como de un eterno y hermoso atardecer. La presencia de animales silvestres hacía parecer que convivían pacíficamente con la civilización, no siendo invasores de la naturaleza. Este era el hogar de los elfos marrones, que vivían un constante y templado otoño, gracias a las propiedades mágicas del lugar.
Mathias Sweet, el herrero del pueblo se encontraba arreglando una pieza de armadura tachonada que había sido desgarrada por un lobo hambriento, cosía, parchaba y rejuntaba el cuero.
Rhiannon Greenway, su vecina y cliente se acercó a él, mirando atentamente como terminaba de reparar antes de hablarle, para no romper su preciada concentración.
Mathias dejó tirada la armadura luego de terminar de repararla y se giró a Rhiannon.
— Entonces, ¿qué te trae por aquí, Bella dama? — Le dijo Mathias.
— Buen día, Mathias — Le respondió la vecina—, resulta que hubo una confusión ayer, y te di dos platas más por las herramientas.
Mathias se quedó en silencio, mirando al suelo pues, como él sabía bien, ya se había gastado el dinero extra en el bar la noche anterior.
— Pues verás — Le respondió —, resulta que me he gastado ese dinero, y no tengo como devolvértelo.
Rhiannon se quedó helada ante la noticia.
— ¡Pero señor Sweet, necesito ese dinero para comprar mis víveres para la semana!
— ¡Lo sé, pero es que no tengo dinero de sobra! Lo he gastado todo en materiales y cerveza.
Los dos se quedaron pensativos durante unos momentos, hasta que Mathias por fin habló.
— Tengo una idea, el viejo Olmen en el almacén necesita urgentemente una cerradura para la puerta, te la daré a ti, pero como no puedo perder dinero, llévesela y cuando le pidas el dinero dile que son 5 platas. Si pregunta por el precio tan caro, dile que implementamos un nuevo servicio de entregas a domicilio, y el pago por el servicio está incluido.
— ¿Pero si el viejo Olmen se queja por el precio y no quiere pagarlo?
—Baja el precio a 4 platas, el precio original es de 2, por eso si subes 3 y luego, si se queja, le bajas una plata, pensará que bajaste el precio, cuando siempre estuvo inflado.
Mathias le dio el cerrojo a Rhiannon, quién fue derecho al viejo Olmen e hizo tal y como le indicó Mathias.
El viejo Olmen, pobre y escaso de dinero, debía ganar ese dinero de alguna manera, así que subió dos platas a la entrega de ese día a la cervecería, quienes habían ganado 2 platas extra el día anterior, gracias al borracho de Mathias. Para no perder dinero, ese día el bar aumentó ligeramente los precios y causando que el ciclo de las 2 platas sucediera otra vez. Esta vez con otras personas.
— ¿No te cansas de esto verdad? — Dijo una silueta oscura.
— Nunca me canso en realidad — Dijo otra silueta, esta vez dorada.
La silueta dorada dejó en el pedestal el espejo, que mostraba a Falmouth en su reflejo, junto con todos sus habitantes.
— Eran prósperos, sí — continuó la silueta —, pero todo ser inteligente y mortal es codicioso, ninguno de ellos quiere asumir la más mínima pérdida, sea de dinero, de una vida, o de lo que fuera.
— ¿Ese es tu motivo para causar una futura crisis económica?
— Por supuesto que no, el motivo es simple, si todos sobreviven porque alguien asume las pérdidas, demostrará que una especie puede tener un mal menor por un bien mayor. Si por el contrario ocurre que una persona o un grupo queda por encima del resto, solo demostrarán que no son mejores que unos animales de la jungla.
— ¿Entonces pones a prueba su capacidad de prever el futuro y las consecuencias de sus acciones? ¿O acaso su capacidad de ser amables o humildes?
— Un poco de ambas, en cualquier caso me parece interesante observarlos, como luchan por sobrevivir a una falla que ellos mismos causaron. — respondió la silueta dorada.
— Incluso si esa falla la causaste tú. — le reprochó la oscura.
Ambos se quedaron en silencio.
— De cualquier manera — dijo la dorada —, no es que mis métodos sean peores que los tuyos.
— Nuestro objetivo es probar a los seres inteligentes, Codicia, no importan los medios.
— Entonces solo me molestas para divertirte. ¿No es así, Odio?
La silueta oscura lo vio un segundo y se retiró del cuarto de la Codicia, para volver a sus responsabilidades.
Falmouth a los meses cayó en desgracia, cuando Codicia logró su cometido de crear distintas clases sociales. Odio tomó su lugar, aprovechando la situación para crear una revolución, nacida de la ira de la gente, para borrar con todo lo que la Codicia había logrado.
Luego de la muerte de incontables elfos, los animales silvestres y los pocos sobrevivientes de la guerra civil, establecieron un pequeño pueblo en un bosque cercano, donde siempre era invierno, gracias a las propiedades mágicas del lugar.