A la luz de la luna me hallo y aun así no me corrijo.
Mi palpitar cuenta los segundos que paso contigo.
Y aún así, cada uno dura como eones,
pues el motivo de este encuentro,
no es sino tu forma de mostrarme,
que para ti no valgo ni dos míseros dedos.
Dedos que me clavas, uno en mi corazón por cautivarme
y otro en mi mente por engañarme.
Me hablas y te alejas, me abandonas sin causa
en este mismo lugar me hayo, compartiendo la luz
con otros tantos lobos, solitarios y perdidos, en un bosque peligroso.
Para mí, este bosque es mi mente, que me carcome de a poco,
le hecha la culpa a uno u a otro por hechos irreprochables
que no son culpa de mi ni de nadie.
En este bosque me pierdo, me lastimo y me muero,
muerto no de vida, sino de alma y de cuerpo.